viernes, 29 de febrero de 2008

Ropa tendida



Esclarecidos - Esclarecidos 2


Cristina estaba tendiendo la ropa en la azotea de su bloque. Mientras cogía una sábana del cesto, la colocaba sobre el tendedero y le ponía las pinzas, tarareaba una canción a la que le faltaba la mitad de la letra. Hacía varias semanas que tenía esa canción inacabada rondándole por la cabeza, así que cuando llegaba a la parte sin palabras, lo habitual era que se pusiera a silbar sólo la música. Pero hete aquí que, en aquel momento y de buenas a primeras, antes de soplar con los labios le salió su preciosa voz para cantar esto: "contrabando, traficaré contrabando de tabaco y oro para ti". Y a partir de ese instante, el resto de la letra que le faltaba a su canción inacabada salió sola.


Aquella canción se tituló Arponera y la Cristina que hacía la colada se apellidaba, al igual que hoy, Lliso. Todavía hay gente estúpida que la comparan con la de Presuntos Implicados.


En medio de la frivolidad de la movida madrileña, una pandilla de medio puretas hacían eso que se suele llamar –casi siempre despectivamente- "música adulta". No eran profesionales ni seguían moda alguna, aunque sonaban elegantes y sofisticados. Tampoco dieron muchos conciertos, porque pasaban de las trabas de la industria, así que se juntaban, simplemente, para pasárselo bien.


Después de un par de EP’s y algún que otro single, los componentes de Esclarecidos (Cristina, Fernando, Nacho, Coyan y Alfonso) fundaron Grabaciones Accidentales (GASA), una compañía discográfica independiente en la que publicaron este Esclarecidos 2, allá por 1985. Aunque en algunas webs dicen que el título del disco es la continuación de un minielepé de 7 canciones, lo cierto es que no recuerdo (siempre escribo de memoria) haber oído hablar nunca de ese supuesto Esclarecidos 1. Sí recuerdo que cuando salió este "2", hubo quien bromeó en las radios precisamente con la inexistencia de una primera parte (algo que se solía hacer mucho: el primer disco de Toreros Muertos se llamó 30 años de éxitos, por ejemplo).


GASA dio el pelotazo con el Canciones de Duncan Dhu, pero eso no impidió que sus dueños siguieran haciendo música a su bola ni, sobre todo, que sacasen un catálogo de obras variado y alternativo, desde inventos pseudo new age como Finis Africae, hasta discos de música hecha con papel o versiones raras de las gimnopedias de Erik Satie.


Hasta Esclarecidos 2, en mi mesita de noche sólo había libros, así que estas diez canciones se convirtieron en el primer disco de cabecera en mi vida. Luego vinieron otros discos, desde el Armarios y camas de La Dama Se Esconde hasta el Termitas de Pauline en la Playa o el último de PJ Harvey. La culpa la tuvieron cuatro cortes: Miles, Miles, Miles (dedicado al jazzman), Arponera, Recorrerá su piel y En plan velas. La culpa, también, la tuvo la impresionante voz de Cristina Lliso, nada perfecta porque, es cierto, cantaba como si estuviera tendiendo la ropa (la anécdota que he contando es rigurosamente verídica). La culpa, por último, la tuvo un sonido proveniente de la música de las verbenas, aires renovadores y revolucionarios de la época, y producción cutreperfecta de Paco Trinidad.


De Esclarecidos 2 se vendieron unas 5.000 copias y fue una de las referencias obligadas de los críticos de la época. Mezclaban el jazz, la bossa nova y el pop con letras misteriosas (en este disco, Bajo la nieve, marca de la casa, que se repitió en posteriores trabajos), fraseos casi indescifrables (Saxofon Night Club) y tintes humorísticos (Él dormía en un fotomatón).


Grupo de culto, líneas memorables como las que consiguieron aquí con Arponera (canción emblemática que aparece en todas las listas del mejor pop de los ochenta) o con Un agujero en el cielo (título de un posterior recopilatorio), tuvieron continuidad en otros temas sus siguientes discos: Por amor al comercio ("Por amor al comercio voy a cruzar ese puente / Por amor al comercio voy a cuidar de este dolor"), No hay nada como tú ("Espero que el parador no cierre los inviernos" o "Yo no sé qué haré / Me vendaré el corazón") , El tren azul, De espaldas a ti… en todas estas hay siempre palabras dignas de la mejor poesía.


Con el tiempo, Esclarecidos fueron pasando por diferentes etapas hasta que, influenciados (esta vez sí) por el más ruidoso Brian Eno, dieron un puñetazo en la mesa con La fuerza de los débiles, donde los loops, las guitarras y la música de baile sirven de colchón sonoro a unas letras durísimas: las grúas se convierten en hachas, los mimos del Retiro se suicidan, Mel Gibson sonríe mientras las palomitas de maíz se convierten en moras…


Lo último de ellos, o de lo que quedó de ellos, se llamó Lliso. Cristina y su hermano Nacho, Suso Sainz, Corcobado, música experimental… y, como siempre, yendo por libre.


Por Manolo Lay


Más sobre ellos:




Videoclip de la canción Apostar



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Homenaje a Esclarecidos en Youtube: bastante ñoño, pero tiene algunas fotos del grupo y usa la canción Por amor al comercio.



jueves, 28 de febrero de 2008

Mi juego favorito


The Cardigans – Best of

Seré breve. Me gustan The Cardigans. Me gusta su música, su aspecto, su país de procedencia. Me ha gustado su evolución a lo largo de los años. Podría parecer que soy una super fan pero, la verdad, tampoco es para tanto. Sin embargo, es una de esas cosas que ha estado en mi vida de manera, digamos, transversal, dejando un importante poso poquito a poco y, ahora, no puedo obviarlo. Cuando eso ocurre tienes un montón de recuerdos asociados a determinadas canciones, una letra que escuchaste justo en el momento en el que sentías lo que te dice, un estribillo que coreabas a voz en grito. Y cuando eso ocurre y te enfrentas a un disco recopilatorio del grupo en cuestión, esos recuerdos van saliendo uno a uno, sin parar, haciendo que la escucha sea mucho más que la música que pones mientras trabajas, limpias la cocina o conduces.
Así que ya podéis haceros una idea de lo que me ha pasado cuando he tenido en mis manos el Best of The Cardigans, un disco que mucho, muchísimo más que una colección de singles para cantar uno tras otro (que también), sino que supone una más que interesante aproximación a la evolución natural y coherente de la banda. Tres años han pasado ya desde su último trabajo y, aunque sea en greatest hits me encanta que estén de vuelta. En la edición doble del disco no se han dejado nada fuera. Primera parte, como mandan los cánones, colección de singles, del primero al último con algún que otro regalito. Como decía, ideal para hacer karaoke aunque lo más divertido es darte cuenta de los pequeños detalles, de cómo ha ido cambiando la forma de cantar de Nina, o la forma de estructurar sus letras, desde sus himnos más naive recordados por todos (Rise and shine, Carnival, Lovefool), hasta el sutil insulto de mujer fatal en I need some fine wine and you need to be nicer, pasando por sus pelotazos más comerciales (My favorite game, el más relevante en este capítulo sin duda). Hasta una versión que hicieron con el galés Tom Jones de Burning down the house (en un disco de duetos de Jones lleno de perlas escondidas y del que algún día os hablaré) han querido incluir. El segundo disco nos ofrece la oportunidad de tener a la mano canciones perdidas de toda su carrera. Algunas de ellas habían sido publicadas como rarezas en las versiones japonesas de algunos de sus discos, caras B y demás compilaciones (como su participación en la banda sonora del moderno Romeo y Julieta. Incluso hasta alguna que otra versión demo.
En resumen, ideal para incondicionales, como yo… más o menos.
Los discos de este grupo sueco han formado parte de mi banda sonora para la rutina de la vida. Unos me han acompañado mientras conducía en algún viaje, otros me animaban a mover el culito y quitar la grasa de la cocina y otros me ayudaban a concentrarme en el trabajo. Parece mentira que su debut tenga ya más de catorce años y más echando un vistazo a esta recopilación y dejando volar tu imaginación sentimental…
Por Rose

Digamos que lo mejor… Bueno, tal vez no sea lo mejor, pero son mis canciones favoritas:
http://www.youtube.com/watch?v=KxZ9_XlL19E
http://www.youtube.com/watch?v=TM-mOYmJRlM

Digamos que lo peor es el arte del disco, emulando (y nunca mejor dicho) la estética de los discos grabados en casa. Eso sí, el libreto merece la pena, hasta se han currado comentarios para todas las canciones (y son 46 así que no está mal).

miércoles, 27 de febrero de 2008

AND THE OSCAR GOES TO…



Once (BSO)

Once es un musical irlandés que triunfó en Sundance y además consiguió colar una canción entre los nominados al óscar a la mejor canción. El tema se titulaba Falling Slowly y no es sólo la mejor del disco sino también, y con diferencia, la que más se merecía el óscar y la que además se lo llevó (coincidencia que casi nunca ocurre). También hay que decir que el resto de las nominadas a mejor canción eran un mamarracho detrás de otro; Pero eso tampoco quita que cualquiera de ellas se hubiera podido llevar el óscar igualmente, que el voto de la academia es ciego.

Atención: En el párrafo que sigue, hay algún que otro SPOILER sobre la peli.

La película Once es un poco como la de Breve Encuentro de David Lean (Y con esto acabo de revelarlo TODO). O sea, un chico y una chica coinciden en un momento y en unas circunstancias que hacen pensar que el affair y los fuegos artificiales serán inmediatos, pero ambos están atados a otras relaciones y a otros asuntos que finalmente harán imposible que LA COSA vaya a más (Por cierto, y a modo de AQUÍ HAY TOMATE indie, tengo que decir que en la vida real los protagonistas sí que llegaron a los fuegos artificiales); Pero entre que sopesan los pros y los contras de liarse, Glen Hansard y Marketa Irglova (que así se llaman) inundan la película con unas canciones que salen en su mayoría del repertorio de Frames (el grupo en el que él canta en la vida real)

Por cierto, que Glen Hansard (que salía también en la peli de Los Commitments) es un poco el hombre orquesta: No sólo protagoniza la movie, sino que también compone todas las canciones y toca mil instrumentos. Algo así como cuando Bjork se embarcó en la maravillosa BSO de Dancing In The Dark para la (dramáticamente gratuita) película del mismo nombre. Pero a diferencia de Bjork y esa película que se le quedaba corta, la película ONCE está bastante relacionada con las vidas de los protagonistas. Ella es una cantante checa interpretando a una cantante checa y él un cantante irlandés interpretando a un cantante irlandés en una película salpicada por detalles biográficos (como, por ejemplo, el hecho de que tanto Glen como su personaje comenzaron sus carreras cantando en las calles de Dublin). La película viene a ser una biografía inventada y, de hecho, me recuerda (aunque no tenga que ver ni por asomo) a esa obra maestra de Inland Empire. En la peli de Lynch, Laura Dern no es capaz de distinguir su papel de actriz del de la vida real, así que continúa su interpretación en casa y también abre su corazón delante de la cámara. Pues en la peli de Once los actores han llevado sus vidas al cine e, igualmente, han continuado en sus vidas lo que aparentemente había terminado con la palabra “Corten”. Y no hablo sólo del romance en plan paparazzi, sino de de que él ha triunfado en su vida profesional con su banda (un éxito que en la película no se materializa pero sí se insinúa).

- José Manuel Pozo

Lo peor: Las letras, que parecen escritas por el mismísimo James Blunt (Hablo de rimas como “Raise your hopeful voice/ You have a choice”)
Lo mejor: Con diferencia, el tema que abre el disco. A varios años luz, le sigue Lies. El resto es amable, pero sin brillo. Con bajarse esas dos, más que suficiente.

martes, 26 de febrero de 2008

MI TOP 5 DE HOY

Alphabeat – Fascination:



Oí mucho hablar de este grupo, pero me parecieron demasiado horteras y no les presté demasiada atención. Aunque después esta canción se ha colado en mi cabeza y me parece de lo más disfrutable. Escuché su disco, pero este es el hit rotundo sin duda. Lo recomiendo como contraste para momentos oscuros y siniestros. Los puse mientras leía CHAPEROS, el último libro de Dennis Cooper, y la experiencia fue aterradora.


Model - To My Boy:



Me crucé con este videoclip y estos dos chicos tan jovenes me parecieron muy graciosos. Yo, que estoy super a favor de que los adolescentes dominen el mundo, creo que ya es hora de que algunos viejunos descansen y dejen paso a chicos con buen gusto. Este temazo no debe faltar en ninguna fiesta de viejunas intentando parecer jóvenes.


The Mae Shi - Run to Your Grave:



El video no le hace demasiada justicia a la canción, ya que es todo muy de mercadillo y macarra (aunque en el fondo tiene su cosa) Pero la canción es pegadiza a más no poder y podría ser masiva si apareciese en un anuncio de leche o como sintonía de algún festival de verano.


Black Kids - I'm Not Gonna Teach Your Boyfriend How to Dance:



Llevo dando la lata con esta canción mucho tiempo y nadie me la pincha nunca cuando salgo por la noche. Me encantan las dos chicas con teclado, en un grupo eso debería ser casi obligatorio. Esta canción es idónea para ligar o para robar en un supermercado.


Ashlee Simpson - Outta my head (Ay ya ya):



Esta muchacha sufre del síndrome de ‘hermana pequeña de pop star’ que se opera y hace todo lo posible por parecerse a ella. Aunque en esta canción se desmarca un poco, y tras haber escuchado 1.000 veces el burning up de Madonna, nos ofrece este super single de canción pop ligera que con una coreografía adecuada te puede reportar que te caigan unas cuantas copas gratis en los antros de moda.

Davis

lunes, 25 de febrero de 2008

MÁS VALE TARDE QUE NUNCA





THE MAGNETIC FIELDS – DISTORTION



Existen momentos para cada cosa, eso es innegable, y cada elemento tiene su momento para encontrarse con otro y fundirse en uno, eah! A veces se tienen intentos que por una razón u otra fracasan. En algunas ocasiones estas uniones son fruto del snobismo, las tendencias, la cobardía, en las otras estos encuentros felices se crean por factores que desconocemos. Quizás se han alineado los planetas en el cielo o te levantas con el pie izquierdo, como Dindán y empiezas a ver las cosas de otra manera, otra perspectiva que antes ignorabas. O simplemente tu cultura personal no te permitía ver cosas que un tiempo después sí ves.


Todo esto viene debido a mi reciente ‘descubrimiento’ de The Magnetic Fields. Para mí siempre ha sido uno de tantos grupos cuyo nombre oímos cada poco tiempo como referencia en críticas, en entrevistas nombrados como influencia de tal banda, etc. No sabemos cómo pero ese grupo que queremos escuchar algún día se nos escapa, rehúye, no conseguimos encontrarlo o, como a mí me pasaba, extrañamente lo confundía con otros nombres: siempre equivoqué a Magnetic Fields con Flaming Lips e incluso con otra banda cuyo nombre no recuerdo ahora mismo.


Por fin conseguí el disco the wayward bus & distant plastic trees, que creo son sus dos primeros discos. Me gustaron pero no conseguían agarrarme y no les hice mucho caso. Pero hace poco, escuchando camino al trabajo, en un penoso programa de Radio3, una de las canciones de este Distortion quedé finalmente atrapado por las melodías de Stephen Merrit. El por qué de esta repentina atracción puede que se encuentre en el sonido que han decidido dar a los 13 temas: casi plagiar a The jesus and mary chain y su mítico disco Psychocandy: mucho mucho feedback (como lo llaman los anglosajones), distorsión a raudales, creando una masa ruidosa de fondo llena de acoples controlados que se desplazan por la mayoría de instrumentos, no solo en las guitarras, y reverbs garajeras, mezclado ello con ciertos detalles surferos en algunas guitarras, pues Merrit se ha encargado muy mucho de la producción y las mezclas, prácticamente un año (si chicos, alguna entrevista suya me he leído, juas!).


No tengo sus discos anteriores así que no esperéis una crítica comparativa, pero este traje con el que ha querido vestir sus composiciones casan a la perfección con las melodías vocales, que son bastante parecidas a los dos primeros discos que he escuchado. Es decir, este es un disco netamente pop en sus estructuras melódicas, canciones de no más de 3 minutos, estribillos, estrofas y algún pequeño momento instrumental de transición. Como he dicho antes, esa masa ruidosa encaja perfectamente con las voces, y lo hacen por que las voces suenan totalmente cristalinas, opuestas a esa distorsión, y en ellas, en la composición de esas líneas vocales, es donde, para mí, se encuentra lo mejor de este disco. Stephen Merrit crea canciones atemporales, perfectas en su definición y en el efecto que quieren causar, ya sea en la melancólica y mi favorita 'Old fools', en la tetral 'Xavier says' o en la cómica 'The Nun’s Litany'. Todas ellas aportan algo nuevo, todas tienen algo que contar, imposible descartar ninguna. En ellas encontraremos críticas más o menos acertadas ('California Girls' es un tanto obvia), borrachos despechados, huidas desesperadas, monjas depravadas y mucha ironía.



Santeuil



Lo mejor: las melodías y las letra


Lo peor: demasiados pequeños acoples muy agudos que a veces molestan en exceso.

domingo, 24 de febrero de 2008

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

Björk-Volta

Ante todo he de confesar que, como algunos son devotos de la Virgen del Tal y del santo Cual, yo soy devota de Björk. Tengo todos sus discos, sus vídeos, sus remixes, etc. Y hasta fui capaz de conducir hasta Segovia para verla en directo este año pasado en su sublime actuación en La Granja de San Ildefonso (otra vez los santos). Cada canción suya me transporta, me sacude, me hincha el pecho, me hace llorar o reir, o ambas cosas, y me convierte en una mística loca dispuesta para la ascensión cual Santa Teresa de Jesús. Una experiencia sacra, pues, para mí, es cada obra de esta islandesa que ya desde su participación en Sugarcubes me dejó encantada y poseída por su música divina.

Muchos se preguntarán por qué he escogido precisamente su último disco, “Volta”, para hacer esta crítica. Fundamentalmente por la hermosa razón de que quizás sea uno de sus discos más controvertidos y también, sin duda, porque, por una parte, conserva aún el calor y el olor de un recién nacido y está marcado, sin embargo, por un claro propósito de retorno a los orígenes que se manifiesta en su propio título. Esa “vuelta” de Björk a sus sonidos iniciáticos se expresa en un disco alejado de los experimentos radicales que fueron, para bien o para mal, sus anteriores trabajos: un Vespertine que marcó un antes y un después en, por lo menos, mi historia de la música, en el que Björk se atrevió a acercarse a la electrónica minimalista más experimental en su colaboración con Matmos, combinada con una audaz inmersión en la más íntima, frágil y delicada belleza, desnuda en apariencia pero barroca en el corazón; sutil y arrebatada; aureolada y, sin embargo, erótica en sus letras, pura mística hecha de carne y cuerpo, Poesía Pagana como reza una de sus más hermosas canciones. Arpa, cajas de música, voces corales fueron sus herramientas en esta dulce, intensa y laboriosa construcción de la crisálida que es Vespertine y que produce, pues, auténtica seda musical.

Después, la islandesa dio el salto al lado oscuro: con Medulla pasó del cisne blanco a un negro vertebral y agónico en el que prescindió de todo lo que no fuera voz. El resultado, sin embargo, fue un poco irregular y, desde luego, poco comercial. Se trata, sin duda de su disco más denostado y ninguneado, aunque yo, como siempre, sigo a mi pastora y encuentro en él auténticas y oscuras joyas musicales.

Y, tras toda esta experimentación que la elevó a los altares (Verspertine) y la bajó a los infiernos de crítica y público (Medulla), mi música favorita abrazó el cromatismo tecnicolor tras su etapa en blanco y negro y regresó con esta explosión de colorido tanto exterior como interior que es Volta, un disco mucho más cercano a producciones antiguas de Björk, como el Post o el Homogenic.

¿Consigue, pues, este disco estar a la altura de estas producciones “juveniles” o alcanzar el vuelo de arcángel que es Vespertine? En mi modesta opinión de fiel devota no, porque el resultado es, tal vez, demasiado heterogéneo, como un deslabazado collar formado por piedras preciosas mal combinadas entre sí, hermosas en soledad pero no del todo bien enhebradas. Es la impresión que me causa Volta, un compendio cual museo de todos los estilos por los que ha pasado desde su Debut la finlandesa, y cuyo centro gravitatorio es la misma heterogeneidad del pasado musical de Björk.

Así, por ejemplo, tenemos su lado más tribal y su intento de acercarse al corazón salvaje de la naturaleza (parafraseando a mi adorada Clarice Lispector) en canciones como la inaugural “Earth intruders”, que abre el disco con tambores de guerra. Encontramos también a la Björk más rebelde, machacona y discotequera en “Declare independence” (una de mis favoritas, por cierto, con ese “Raise your flag” que nos recuerda lo buenas, compactas y llenas de significado que son todas las letras de Björk). Está la canción portuaria, llena de sonidos de velas y barcos propia de su inicial Debut: “Wonderlust” recuerda en música y letra ese universo de muelles y veleros. La oscuridad dolorosa cual vía crucis del cuerpo propia del Medulla la hallamos, sin duda, en “Vertebrae by vertebrae”, y el resto de canciones, aunque de manera menos evidente, nos recuerdan fundamentalmente al Homogenic o al Post y son parte de una “Björk revisited” (así “Innocence”, “My Juvenile” o “I see who you are”, por ejemplo, que en sus letras muestran a una Björk nostálgica de su propia adolescencia imprudente y feliz, y a la Björk madura y madre que aconseja al hijo adolescente o contempla el futuro en su hija recién nacida, respectivamente).

Aunque todas estas canciones me parecen perfectas y redondas como gemas, su carácter de “revival” y resumen de una trayectoria anterior las hace brillar, quizás, con menos fuerza que los antiguos éxitos a los que rinden homenaje, pero también hay novedad en este tour por la carrera de Björk que es Volta. Así, me parece sublime la incorporación de la segunda voz de Antony Hegarty, (de “Anthony and the Johnsons”) en algunas canciones, especialmente en la maravillosa “The dull flame of desire”, para mí, junto a “Pneumonia”, auténtico broche de oro del LP. También la primera de estas dos canciones remite al pasado (por musicar un poema, cosa que ya la islandesa había hecho en Vespertine, para demostrar su pasión por la poesía), pero, a mi parecer, estas canciones ya son otra cosa, no un resumen del pasado sino una mirada al futuro que la diosa del frío tiene por delante, que seguro que es fértil y puede dar muchos frutos aún (“fertile ground where it can flourish”, dice ella en “Innocence”). Como buena creyente musical de la islandesa, mi fe es, pues, ciega, pero no carece de fundamentos, pues la enraíza la calidad de todos estos temas citados y, como no, la inmensa alegría y las frescas lágrimas que, otra vez, volvieron a acompañar mis interminables escuchas de Volta. Así somos las fanáticas de la religión Björk.

Por Inesa/Azúltima

viernes, 22 de febrero de 2008

Tú yo yo somos unos genios, imbécil


The Smiths - Strangeways, here we come

Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo. Oscar Wilde.

Ignoro si fue casual la decisión de rotular el último disco en estudio de The Smiths con el nombre de la prisión de Manchester. Supongo que no, porque poco o nada se improvisaba en este grupo tan dado al existencialismo como a la polémica. Más bien creo que Strangeways, here we come fue el último canto al fetichismo colectivo de un cuarteto que, como en otros y tantos, era matrimonio bien avenido en lo musical y choque de egos en lo personal. Un testamento sonoro donde, como en la genial viñeta de Pepe Medina en Público, la mujer dice "lo tenemos todo" y el marido responde "yo quiero el divorcio".

1987 fue un año brutal para los Smiths. Aparte de la retahíla de singles habitual, se publicaron dos discos recopilatorios que llegaron a pegar fuerte en los USA, se firmó un contrato supermillonario con una multinacional, llenaron conciertos en los que el único requisito para entrar era llevar puesta una de sus camisetas y, como guinda, remataron con un disco que avanzaba sonidos inéditos hasta el momento. Nunca habían llegado tan lejos como entonces, y nunca llegaron tan lejos después.

Las canciones de Strangeways…, pese a contener la misma temática de siempre en sus letras (zarpazos al mainstream, escupitajos a las discotecas, filias y fobias de todos los colores, referencias literarias, des/antiamor…) y pese a que la portada seguía la misma estética de siempre (ojo al parecido de Richard Davalos con Morrissey), la parte sonora tenía un tratamiento inusitado que, sin duda, fue cosa del inquieto Johnny Marr, quien, junto a temas marca de la casa (Girlfriend y a coma y Unhappy birthday) incorporó guitarras a lo Led Zeppelin, cuartetos de cuerda, algo de electrónica y, sobre todo en la escucha global, una variedad de registros que iban de lo más desgarrado (el final desaforado de The dead of a disco dancer) hasta lo más profundo (ay, ese piano inicial de Last night I dreamt that somebody loved me, tocado por el propio Morrissey). Por no hablar de la maravillosa (autocrítica included) Stop me if you think you've hear this one, tal vez lo más logrado y el mejor ejemplo de hasta dónde se podría haber llegado.

Desde los primeros acordes de A rush and a push and the land is ours nos encontramos ante algo diferente, tal y como reconoció la crítica musical que, como siempre, se dividió en dos bandos: el de los denostadores y el de los fieles. Sin embargo, aunque los primeros siguieron descargando todos sus truenos sobre los mitos y leyendas de la banda (a ver: alcohólicos, homosexuales, drogadictos, vegetarianos compulsivos, fascistas, necrófilos, bocazas… ¿se me olvida alguno?), el bando de los incondicionales no acabaron de asumir la novedad, probablemente porque el bacalao de la fe ciega tenía mucho que ver con la fe ciega a la figura de Morrissey y, también, porque si te derrites con una canción como This charming man es probable que quieras repetir esa misma sensación en otras mil canciones como esas, algo que Marr podían hacer sin casi despeinarse… salvo que esté hasta las narices de eso.

Eso explica que Strangeways… sea el disco del que menos se habla cuando se habla de The Smiths. Y eso explica también que el cuarteto se rompiese en mil pedazos el día que el compositor de la música dijese que le gustaba lo que hacían los New Order o Pet Shop Boys. Obviamente, a esa frase siguieron otras, sobre todo cuando el divorcio se consumó y se destaparon todas las cajas de los truenos. Uno, quejándose de que Steven Patrick era un bigmouth que disfrutaba destripando con su voz canciones concebidas como instrumentales. El otro, asegurando que eso era mentira y que nunca volvería a intentar un arrejuntamiento del grupo. Y la Warner, por su parte, celebrando que a partir de ese momento iba a tener a dos por el contrato de uno.

Justo un año después del adiós, Morrissey se convirtió en su propio mito, poniendo su rostro filtrado en la portada de su Viva Hate y saliendo medio desnudo en la contra. Su enemigo número uno de entonces, aparte de la Thatcher, empezó a participar en discos ajenos y a enrollarse con Bernard Summer y Neil Tennant para formar Electronic. Andy Rourke anduvo de pinchadiscos y grabó algo con la O'Connor y Joyce se metió en la reorganización de los Buzzcocks. Y la Rough Trade se ha seguido forrando con ellos, desde su Rank póstumo (directo de la gira de Bigmouth strikes again, con la inestimable aportación de ese chico que se parece tanto a Moon, Mr. Vini Reilly) hasta la larga lista de recopilatorios que ha venido sacando cada cierto tiempo. Desde 1987 hasta que vimos al mozzer en Benicassim ha llovido tela.

Por Manolo Lay

Video de Stop me...