domingo, 24 de febrero de 2008

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

Björk-Volta

Ante todo he de confesar que, como algunos son devotos de la Virgen del Tal y del santo Cual, yo soy devota de Björk. Tengo todos sus discos, sus vídeos, sus remixes, etc. Y hasta fui capaz de conducir hasta Segovia para verla en directo este año pasado en su sublime actuación en La Granja de San Ildefonso (otra vez los santos). Cada canción suya me transporta, me sacude, me hincha el pecho, me hace llorar o reir, o ambas cosas, y me convierte en una mística loca dispuesta para la ascensión cual Santa Teresa de Jesús. Una experiencia sacra, pues, para mí, es cada obra de esta islandesa que ya desde su participación en Sugarcubes me dejó encantada y poseída por su música divina.

Muchos se preguntarán por qué he escogido precisamente su último disco, “Volta”, para hacer esta crítica. Fundamentalmente por la hermosa razón de que quizás sea uno de sus discos más controvertidos y también, sin duda, porque, por una parte, conserva aún el calor y el olor de un recién nacido y está marcado, sin embargo, por un claro propósito de retorno a los orígenes que se manifiesta en su propio título. Esa “vuelta” de Björk a sus sonidos iniciáticos se expresa en un disco alejado de los experimentos radicales que fueron, para bien o para mal, sus anteriores trabajos: un Vespertine que marcó un antes y un después en, por lo menos, mi historia de la música, en el que Björk se atrevió a acercarse a la electrónica minimalista más experimental en su colaboración con Matmos, combinada con una audaz inmersión en la más íntima, frágil y delicada belleza, desnuda en apariencia pero barroca en el corazón; sutil y arrebatada; aureolada y, sin embargo, erótica en sus letras, pura mística hecha de carne y cuerpo, Poesía Pagana como reza una de sus más hermosas canciones. Arpa, cajas de música, voces corales fueron sus herramientas en esta dulce, intensa y laboriosa construcción de la crisálida que es Vespertine y que produce, pues, auténtica seda musical.

Después, la islandesa dio el salto al lado oscuro: con Medulla pasó del cisne blanco a un negro vertebral y agónico en el que prescindió de todo lo que no fuera voz. El resultado, sin embargo, fue un poco irregular y, desde luego, poco comercial. Se trata, sin duda de su disco más denostado y ninguneado, aunque yo, como siempre, sigo a mi pastora y encuentro en él auténticas y oscuras joyas musicales.

Y, tras toda esta experimentación que la elevó a los altares (Verspertine) y la bajó a los infiernos de crítica y público (Medulla), mi música favorita abrazó el cromatismo tecnicolor tras su etapa en blanco y negro y regresó con esta explosión de colorido tanto exterior como interior que es Volta, un disco mucho más cercano a producciones antiguas de Björk, como el Post o el Homogenic.

¿Consigue, pues, este disco estar a la altura de estas producciones “juveniles” o alcanzar el vuelo de arcángel que es Vespertine? En mi modesta opinión de fiel devota no, porque el resultado es, tal vez, demasiado heterogéneo, como un deslabazado collar formado por piedras preciosas mal combinadas entre sí, hermosas en soledad pero no del todo bien enhebradas. Es la impresión que me causa Volta, un compendio cual museo de todos los estilos por los que ha pasado desde su Debut la finlandesa, y cuyo centro gravitatorio es la misma heterogeneidad del pasado musical de Björk.

Así, por ejemplo, tenemos su lado más tribal y su intento de acercarse al corazón salvaje de la naturaleza (parafraseando a mi adorada Clarice Lispector) en canciones como la inaugural “Earth intruders”, que abre el disco con tambores de guerra. Encontramos también a la Björk más rebelde, machacona y discotequera en “Declare independence” (una de mis favoritas, por cierto, con ese “Raise your flag” que nos recuerda lo buenas, compactas y llenas de significado que son todas las letras de Björk). Está la canción portuaria, llena de sonidos de velas y barcos propia de su inicial Debut: “Wonderlust” recuerda en música y letra ese universo de muelles y veleros. La oscuridad dolorosa cual vía crucis del cuerpo propia del Medulla la hallamos, sin duda, en “Vertebrae by vertebrae”, y el resto de canciones, aunque de manera menos evidente, nos recuerdan fundamentalmente al Homogenic o al Post y son parte de una “Björk revisited” (así “Innocence”, “My Juvenile” o “I see who you are”, por ejemplo, que en sus letras muestran a una Björk nostálgica de su propia adolescencia imprudente y feliz, y a la Björk madura y madre que aconseja al hijo adolescente o contempla el futuro en su hija recién nacida, respectivamente).

Aunque todas estas canciones me parecen perfectas y redondas como gemas, su carácter de “revival” y resumen de una trayectoria anterior las hace brillar, quizás, con menos fuerza que los antiguos éxitos a los que rinden homenaje, pero también hay novedad en este tour por la carrera de Björk que es Volta. Así, me parece sublime la incorporación de la segunda voz de Antony Hegarty, (de “Anthony and the Johnsons”) en algunas canciones, especialmente en la maravillosa “The dull flame of desire”, para mí, junto a “Pneumonia”, auténtico broche de oro del LP. También la primera de estas dos canciones remite al pasado (por musicar un poema, cosa que ya la islandesa había hecho en Vespertine, para demostrar su pasión por la poesía), pero, a mi parecer, estas canciones ya son otra cosa, no un resumen del pasado sino una mirada al futuro que la diosa del frío tiene por delante, que seguro que es fértil y puede dar muchos frutos aún (“fertile ground where it can flourish”, dice ella en “Innocence”). Como buena creyente musical de la islandesa, mi fe es, pues, ciega, pero no carece de fundamentos, pues la enraíza la calidad de todos estos temas citados y, como no, la inmensa alegría y las frescas lágrimas que, otra vez, volvieron a acompañar mis interminables escuchas de Volta. Así somos las fanáticas de la religión Björk.

Por Inesa/Azúltima

2 comentarios:

Anónimo dijo...

te he llamado hoy pero estabas en la calle una vez más! deja ya esa farola que vas a acabar con tu matrimonio! pues eso, que te llamo otro diíta. besos mil, tía (por lo de la patri, conocida ya en todos los ambientes como la britney)!

Anónimo dijo...

yo no sé si soy devoto o no de björk (creo que devoto no, su universo de singles, rarezas y timos varios me exaspera y desespera, así que me ajusto a sus discos) pero también tengo esa impresión de que volta parece a veces un greatest hits, a veces un recopilatorio de caras b.

para mí, el gran acierto del cd es wanderlust, casi un sgeundo joga.