viernes, 8 de febrero de 2008

Ocio vs. Negocio



Danza Invisible - Música de contrabando

En estas condiciones no estamos seguros / despliegan sus redes, podemos caer / hay dudas acerca de nuestro futuro / dejemos el tiempo correr... (Contrabando)

Pues sí, hubo un tiempo en que los Danza Invisible eran otra cosa.

Torremolinos, 1982. El Gil no existía, los jeques árabes no aparecían por las fiestas de la Gunilla y los mafiosos rusos aún eran mafiosos comunistas. Los jóvenes no querían ser arquitectos, ni políticos corruptos, ni especuladores. Antonio Banderas no sabía quién era la Griffit y Almodóvar aún cantaba con Mc Namara y era amigo de Olvido Gara.

En ese contexto, si eras un grupo del norte de África (expresión estrella de Blas Fernández en Radio Aljarafe) y lo tuyo se alejaba de ese pastiche llamado rock andaluz, te comías menos que Llamazares en el Vaticano. Menos que ahora, y ya es decir.

Danza Invisible, sin embargo, sí lo consiguió.

Después de tres intentos irregulares, muchos problemas con las discográficas y algún que otro éxito (Al amanecer, El ángel caído y El club del alcohol, este último con la inestimable colaboración del entonces ubicuo e inquieto Santiago Auserón) Música de contrabando fue el salto definitivo de estos malagueños que flirteaban con la estética new romantic y que se ganaron la fama de ser los Simple Minds patrios. Gracias al mimo de Paco Martín y la recién creada Twins, aprovecharon el sueño de grabar en Manchester un disco con excelentes canciones, letras y sonido. Y de paso, se fueron a Londres para renovar sus armarios con el dinero que les dieron para el viaje.

En Música de contrabando no sobra nada: desde la portada (fotograma de una película de James Cagney, actor que fallecería mientras el disco se encontraba en fábrica) hasta sus singles pegadizos para las radiofórmulas (Mercado negro, Sin aliento), pasando por canciones poderosas (Espuela), reminiscencias a los grandes de siempre (Es probable que no sea el hombre de tu vida pero en ese caso acabaré contigo) y de los que estaban de moda por entonces (Ocio y negocio, Agua sin sueño) y baladas que huían de los estereotipos (No habrá fiestas para mañana). Entre eso y sus excelentes actuaciones en vivo, se hicieron un hueco de 20.000 copias en medio de un mercado copado por Mecano, Hombres G y rubiales tipo Modern Talking y Europe. Sin ser grandes, eran lo suficientemente importantes como para que Twins decidiera aprovechar el tirón y sacarles un doble en directo donde, de paso, revisitaron las pobres grabaciones de trabajos anteriores.

¿Qué le pasó a estos chicos que hacían versiones de los Doors, que pasaban las vacaciones codeándose con los músicos de A Certain Ratio y que se hicieron amigos de Lisa Stanfield? La respuesta está en su web oficial y se llama latinidad, esa boutade en la que se inspiraron muchos grupos españoles (otro ejemplo: Seguridad Social) para salir al megamercado de habla hispana en América. La latinidad acabó con ellos y, de paso, los hizo ricos. Otra boutade, supongo.

Por Manolo Lay

Lo mejor: si no cantasen en castellano, muchas tiendas habrían puesto ese disco en la sección de pop británico, junto a Talk Talk, Spandau Ballet o Depeche Mode.
Lo peor: Lástima que El ángel caído estuviese en un disco anterior.
La premonición: "Prefiero un beso antes que un cheque al portador / si no es muy grande, eh, seis cifras me lo harían pensar... sí..." (Ocio y negocio)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad es que es muy triste que a esta gente sólo se la recuerde por el horror de "Labios de fresa..." (versión para más inri) y el bajo sobaquero. Recuerdo perfectamente lo de los "Simple Minds españoles"...¡Qué tiempos!

Anónimo dijo...

me costó trabajo pero al final me convenciste... y no sólo eso, sino que hasta me gustó el disco!